domingo, 23 de enero de 2011

Ven, sígueme

El evangelio de hoy recuerda la llamada del Señor a sus primeros discípulos: “Seguidme y os haré pescadores de hombres” (Mt 4,19). El texto añade que ellos, “dejándolo todo, inmediatamente lo siguieron” (Mt 4,20). El Señor sigue haciendo la misma invitación a muchas personas. A mí me la hizo hace algún tiempo y me la sigue haciendo hoy. Entonces me fue fácil dejarlo todo y seguirle “inmediatamente”. Hoy me cuesta un poco más. A veces me hago el remolón. Cuando creo que ya puedo descansar, Él vuelve a decirme que deje todo y me pide un nuevo servicio, una manera nueva de seguirle. Quiero mantenerme en espíritu de disponibilidad, para ir donde su gloria me llame, aunque me cueste. Yo sé por experiencia que he estado a gusto en todos mis destinos y que he tenido su ayuda en todas las tareas que se me han encomendado. La gracia del Señor me ha precedido y me ha acompañado siempre. Y creo que será así también en el futuro.

En 2009 se cumplieron 25 años desde que sentí la llamada del Señor a seguirle más de cerca. Era el 13 de noviembre de 1984. Yo tenía 18 años recién cumplidos y me encontraba en Zaragoza, estudiando derecho. Recuerdo perfectamente el momento y el lugar. No vi ni oí nada especial, pero ciertamente sentí una presencia cercana. Se produjo un diálogo sin palabras, en lo más profundo de mi alma. Cristo me hacía comprender con toda claridad que me quería en el Carmelo. Me resistí durante algún rato, pero Él venció. Al día siguiente pedí el ingreso en la Orden. Con unas cosas y otras, empecé el postulantado en Valencia el 5 de enero de 1985.

En 2010 se cumplieron 25 años de mi toma de hábito, con la que inicié el santo noviciado. Llegué a Úbeda en el mes de septiembre. Los primeros días me costaba entender lo que decían (pueden imaginarse uno de Castilla la Vieja que viaja por primera vez a Andalucía). Aún recuerdo el salmo responsorial del día de mi llegada, que decía “Te ensalzaré, Señor, porque me has librado” y que en boca del que lo cantaba me sonaba algo así como “Tensarsaré, Señó, poque mas librao”. El prior de la casa era el P. Antonio José de Torres y el maestro de novicios el P. José Fernández Marín. Nunca podré dar suficientes gracias a Dios por ellos, por sus enseñanzas, por su ejemplo.

Este año 2011 se cumplen 25 años de mi consagración religiosa. Fue el 21 de septiembre de 1986, el mismo día que cumplí 20 años de edad. Antes de hacer los votos, el celebrante principal nos preguntó: “¿Qué queréis, hermanos? Y los candidatos respondimos: “La misericordia de Dios, la pobreza de la Orden y la compañía de los hermanos”. En estos años, muchas veces he recordado estas palabras y se las he repetido al Señor. Quiera Él, por su bondad, que pueda repetírselas cada día de mi vida.

Lamentablemente, en Occidente, hoy son pocos los jóvenes que escuchan la llamada del Señor. ¡No saben lo que se pierden! Puedo certificar que Él da el ciento por uno a los que se deciden a seguirlo. Ciertamente, “su gracia vale más que la vida” (Sal 63 [62],4). A veces, cuando tomamos conciencia de que detrás de nosotros vienen pocos, podemos desanimarnos. Como si la salvación del mundo dependiera de nosotros o de que nuestros conventos sigan abiertos. Cristo es el único salvador, ayer, hoy y siempre. Y Él sabrá sacar bien incluso de los males. Mientras tanto, a mí, que miro demasiado a mi alrededor y me preocupo por lo que los otros hacen o dejan de hacer, el Señor me dice: “¿Tú me amas más que éstos?” (Jn 21,15). No me pregunta si otros vienen o van, si somos muchos o pocos, jóvenes o ancianos. Sólo me dice: “¿Tú me amas más que éstos?” Y cuando le pregunto por la falta de vocaciones, por los jóvenes, por el futuro de la vida religiosa y de la Iglesia, sólo me responde: “¿A ti qué? Tú sígueme” (Jn 21,22).

Esto me hace comprender que tengo que orar por todos y desear el bien de todos, pero que soy responsable ante el Señor sólo de mi respuesta personal. Él me pide que lo siga con corazón sincero, amándolo con toda mi alma, con todo mi corazón y con todas mis fuerzas. Y yo, en esta mañana del domingo, le digo una vez más: “Aquí estoy, Señor, para hacer tu voluntad” (Sal 40 [39],8). Haz de mí lo que quieras, mándame donde quieras, pídeme lo que quieras. Sea lo que sea. Sólo quiero lo que Tú quieras. Amén.

P. Eduardo Sanz de Miguel, o.c.d.

viernes, 14 de enero de 2011

JORNADA MUNDIAL DE LAS MIGRACIONES


Respetar los derechos de los inmigrantes; una sola familia humana. Este es el tema escogido por Benedicto XVI para la jornada Mundial del Migrante y del Refugiado que se celebrará el domingo 16 de enero de 2011.
La Iglesia- escribe el Papa- le reconoce a cada ser humano la posibilidad de salir del país y entrar en otro en busca de mejores condiciones de vida.
Los Estados tienen el derecho de regular los flujos migratorios y defender sus fronteras, asegurando siempre el respeto debido a la dignidad de cada persona. Los inmigrantes, además, tienen el deber de integrarse en el país de acogida, respetar las leyes y la identidad nacional.

miércoles, 12 de enero de 2011

EL CAMBIO CLIMÁTICO ES UN ASUNTO DE MORAL


En 2010 BENEDICTO XVI emitió la advertencia en un discurso ante embajadores acreditados en Vaticano, una reunión anual en la que el pontífice reflexiona sobre asuntos que el Vaticano quiere subrayar ante las autoridades diplomáticas.

Benedicto XVI ha sido calificado como el "papa verde" por sus llamadas para hacer conciencia sobre la necesidad de proteger el medioambiente.

Durante su papado, el Vaticano ha instalado celdas solares para proveer de electricidad su auditorio principal y se unió a un proyecto de reforestación destinado a reducir las emisiones de carbono de la capital de la Iglesia católica. El papa ha dicho que se trata de un asunto de moral, pues las enseñanzas de la Iglesia sostienen que el hombre debe respetar la creación de Dios porque ella está destinada a beneficiar a la humanidad en el futuro.

Así mismo este 2011 el papa pide a la Iglesia que rece por la protección de la naturaleza. La intención general del Apostolado de la oración de la Iglesia para este mes de enero está centrada en el medioambiente.

Benedicto XVI ha pedido que la Iglesia rece en el mes de enero para que se protejan "las riquezas de la creación" y sean conservadas, valorizadas y puestas a disposición de todos como "don precioso de Dios a la humanidad".

La ONU ha declarado 2011 año internacional de los bosques, señalar este año como año internacional de los bosques ayudará a que se cree una conciencia social y en los medios políticos de la importancia crítica que desempeñan los bosques en el desarrollo global sostenible.

domingo, 9 de enero de 2011

APERTURA BICENTENARIO FRANCISCO PALAU

Queremos compartir con vosotros algunos de los momentos de la Eucaristia de la apertura del Bicentenario de Francesc Palau en la catedral de Barcelona el dia 29 de diciembre de 2010.
video

BENEDICTO XVI ADMINISTRÓ EL SACRAMENTO DEL BAUTISMO A 21 NIÑOS EN LA CAPILLA SIXTINA


Veintiún niños entre cuatro semanas y cuatro meses se convirtieron en cristianos de manos del Papa, siguiendo la tradición de realizar una ceremonia de bautismo en el domingo siguiente a la Epifanía del Señor, cuando se celebra la proclamación de Jesús en el Jordán por San Juan Bautista.
Benedicto XVI, entre otras enseñanzas, explicó que al recibir el bautismo, estos niños obtienen como regalo un sello espiritual, el carácter, que marca para siempre interiormente su pertenencia al Señor y les convierte en miembros activos de su cuerpo místico, que es la Iglesia. Al entrar a formar parte del pueblo de Dios, comienzan hoy un camino de Santidad y de conformidad con Jesús, una realidad que se siembra de ellos como semilla de un árbol espléndido, al que se debe hacer crecer.
Posteriormente, Joseph Ratzinger salió al balcón de la plaza de S. Pedro a rezar el Ángelus con los congregados.Antes de la oración habló también del bautismo y dijo "No es casualidad que todo cristiano adquiera la condición de hijo de Dios a partir del nombre cristiano, signo inconfundible de que el Espíritu Santo hace "nacer de nuevo" al hombre en el seno de la Iglesia"

sábado, 8 de enero de 2011

El Bautismo del Señor


Introducción litúrgica. El bautismo es el contenido de la Epifanía en la liturgia bizantina. En la liturgia romana, que ese día recuerda la adoración de los Magos, el bautismo se celebra el domingo siguiente. Las oraciones del día indican que estamos ante un acontecimiento revelador; es decir, que seguimos celebrando la Epifanía: «Dios todopoderoso y eterno, que en el bautismo de Cristo en el Jordán, quisiste revelar solemnemente que Él era tu Hijo amado…». El prefacio del día presenta un feliz resumen del significado de esta fiesta: «hiciste descender tu voz desde el cielo, para que el mundo creyese que tu Palabra habitaba entre nosotros; y por medio del Espíritu, manifestado en forma de paloma, ungiste a tu siervo Jesús, para que los hombres reconociesen en Él al Mesías, enviado a anunciar la salvación a los pobres».

Durante la Navidad, la Iglesia celebra que Dios se ha hecho Niño. Podría sorprender que el último día ponga la mirada en Jesús adulto. En realidad, el bautismo de Cristo supone el paso de su vida escondida a su vida pública y manifiesta la identidad y la misión del Niño de Belén. Sólo después de la cruz y la resurrección, los cristianos comprenderán el verdadero sentido del bautismo, que indica las consecuencias últimas de la encarnación: el Hijo de Dios ha cargado sobre sus espaldas con nuestros pecados, nos ha revelado el misterio de Dios Trinidad y nos ha abierto el camino de la vida eterna. Por eso, el bautismo es una profecía del destino último del Señor. De hecho, la liturgia del día habla de la redención, conseguida por la muerte de Cristo: «Cristo Jesús nos amó y nos ha librado de nuestros pecados por su sangre».

El lugar del bautismo. Juan bautizaba en «Betania, al otro lado del Jordán» (Jn 1,28). Un lugar profundamente simbólico. Por allí cruzaron los patriarcas en cada uno de sus viajes entre Mesopotamia y Canaán. Cerca de allí Jacob luchó con el ángel, que le cambió su nombre por Israel. Se encuentra a los pies del Monte Nebo, desde el que Moisés divisó la Tierra Prometida, antes de morir. Por allí penetraron los judíos, guiados por Josué, en la tierra de promisión. Y desde allí el profeta Elías fue arrebatado al cielo, al terminar su misión. Así, el bautismo de Juan relaciona la próxima manifestación del Mesías con los patriarcas, el Éxodo y los profetas. Además, no podemos olvidar que se encuentra junto a la desembocadura del Jordán en el Mar Muerto, en el lugar más bajo de la tierra, a unos 300 metros bajo el nivel del mar. Hasta allí desciende Jesús, a lo más hondo.

Reflexión teológica. Juan predicaba la conversión, invitando a la penitencia, y la gente se hacía bautizar «confesando sus pecados» (Mt 3,6). Jesús se somete a este rito (con escándalo del mismo Juan), para que se cumpla todo lo que Dios ha dispuesto (cf. Mt 3,15). Descendiendo a la profundidad de la oscuridad y de la muerte que causan nuestros pecados, Jesús nos abre el camino de la luz y de la vida. Por eso, entonces se abren los cielos, se derrama el Espíritu Santo y Jesús es declarado Hijo por la voz del Padre (cf. Mt 3,16-17 y paralelos). El contexto revela qué tipo de Mesías es Jesús y cuál es su misión: es el siervo de YHWH que carga con los pecados del pueblo, tal como cantó Isaías.

El Padre reconoce a Jesús como su «Hijo». La palabra utilizada es pais, que puede significar tanto hijo joven, como siervo. Como si dijera: «Éste es mi muchacho», utilizando a propósito una palabra ambigua. Encontramos aquí un eco del salmo 2, de contenido mesiánico: «Tú eres mi Hijo, yo te he engendrado hoy» (Sal 2,7) así como de los cánticos del siervo: «Mirad a mi siervo, a quien sostengo, a mi elegido, en quien se complace mi alma. He puesto mi Espíritu sobre él» (Is 42,1). En el momento en que Jesús inaugura su misión, se presenta con los rasgos del rey davídico, al mismo tiempo que con los del profeta-siervo, que quita el pecado del mundo (Jn 10,36), cargándolo sobre sus espaldas. No se distancia de nuestra historia, de nuestras miserias. Por el contrario, se hace solidario con nosotros hasta las últimas consecuencias. De ahí que Cristo tenga que recibir un bautismo final que le angustia, que es su muerte violenta (Lc 12,49-50) y que nuestro bautismo sea participación en su misterio pascual (Rom 6).

El mismo Espíritu que lo consagra, después lo empuja al desierto, donde es tentado (Mt 4,1). Las tentaciones se refieren, precisamente, a la manera de entender su mesianismo. Satanás le presenta otros modelos (Mt 4,1-11), distintos del que ha recibido de Dios, tal como se ha manifestado en el bautismo. Dios le pide el servicio, el sufrimiento y la obediencia. El demonio le ofrece el triunfo, el poder y la gloria humana. Jesús las supera no usando de Dios para su provecho, sino sirviéndole con obediencia. Se abandona, confiadamente, en las manos del Padre; a pesar de que el papel del siervo sufriente no sea claro y parezca condenado al fracaso: «Aprendió sufriendo a obedecer» (Hb 5,7-8).

P. Eduardo Sanz de Miguel, o.c.d.

viernes, 7 de enero de 2011

APERTURA DEL AÑO JUBILAR PALAUTIANO


La celebración de la apertura del año jubilar con motivo del bicentenario del nacimiento del Beato Francisco Palau i Quer O.C.D. fue el 29 de diciembre de 2010 en la Catedral de Barcelona . Y se clausurará el 29 de diciembre de 2011 en la Parroquia de San Antolín (Lleida) invitando a toda la familia Palautiana a vivir este tiempo como un año de gracia y solidaridad.

Tenemos durante el año la oportunidad de visitar los lugares Palautianos, lugares de gracia y de inspiración donde renovaremos nuestro espíritu.

La celebración fue presidida por el Arzobispo de Barcelona, el Cardenal Lluis Martínez Sistach y concelebrada por el Arzobispo de Tarragona, Mons. Jaume Pujol, Arzobispo de Tarragona y Primado de las Españas, y por el Arzobispo de Valladolid y Vicepresidente de la Conferencia Episcopal Española, Mons. Ricardo Blázquez; los Superiores Provinciales de los Carmelitas Descalzos de Cataluña y de AragónValencia y un grupo de más de sesenta sacerdotes.

En el acto litúrgico participaron las superioras generales Cecilia Andrés, CM, y Luisa Ortega Sánchez,CMT y las superioras provinciales acompañadas por herrmanas de los consejos generales y provinciales y numerosas religiosas de las dos Congregaciones. No faltó la presencia de numerosos laicos seguidores y colaboradores en la acción pastoral, había una nutrida representación de miembros del Carmelo Misionero Seglar de Badalona, el Prat, Trigueros (Huelva) y Beja (Portugal)

Al finalitzar la eucaristia se presentó un proyecto solidario para el 2011 conjunto a las dos congregaciones, Solidarios con Haití.

Damos gracias a Dios y le pedimos que podamos vivir con plenitud y gracia este año jubilar.

CMS

jueves, 6 de enero de 2011

La Epifanía

Origen de la fiesta. Las primeras referencias a una fiesta de Epifanía el 6 de enero provienen del s. II. En el norte de Egipto, la secta gnóstica de los basilidianos celebraba el bautismo de Jesús. Desde principios del s. IV, a la vez que se generalizó la Navidad en Occidente, en Oriente se extendió una fiesta de la manifestación del Señor en la carne y de la revelación de su divinidad. Conmemoraban que Jesús «manifestó su gloria» (Jn 2,11) en distintos acontecimientos: nacimiento, adoración de los Magos, bautismo, su primer signo y, en algunas iglesias, también la transfiguración y la multiplicación de los panes. A finales del s. IV, al intercambiarse las fiestas de Epifanía y Navidad entre Oriente y Occidente, sus contenidos sufrieron adaptaciones. El 25 de diciembre se concentró en la Natividad. El 6 de enero, los occidentales subrayaron la adoración de los Magos y los orientales el bautismo del Señor. Veamos ahora las características de la Epifanía en Occidente.

La realeza de Cristo. El Evangelio del día es el de la adoración de los Magos. En la antigüedad, se pensaba que siempre que nacía un personaje importante, especialmente un rey, un astro se manifestaba en el cielo. Así lo interpretaron los Magos, que «al ver la estrella, se dijeron: Éste es el signo del gran Rey; vamos a su encuentro y ofrezcámosle nuestros dones». Al ver la estrella en tierras de Israel, se dirigieron directamente a la corte de Jerusalén, para preguntar por el rey al que pertenecía. La primera lectura de la misa anuncia que todos los pueblos, con sus reyes a la cabeza, acudirán a Jerusalén para ofrecer dones al Dios verdadero y a su Mesías: «Caminarán los pueblos a tu luz, los reyes al resplandor de tu aurora» (Is 60,3). Por eso, la respuesta del salmo responsorial canta: «Se postrarán ante ti, Señor, todos los reyes de la tierra».

De esta manera, se afirma que el Niño que nació en la pobreza de una gruta es el Rey del mundo, al que todos los reyes deben veneración, tal como anunciaron los profetas: «Esta estrella resplandece como llama viva y revela al Dios, Rey de reyes; los magos la contemplaron y ofrecieron sus dones al gran Rey». Desde antiguo, en los dones de los Magos, se vio una manifestación de la identidad del Niño: el oro se ofrecía a los reyes, el incienso a Dios y la mirra era utilizada para ungir los cadáveres antes de la sepultura.

La universalidad de la salvación. Los Santos Padres vieron en los Magos de Oriente un anticipo de los pueblos no judíos, llamados a encontrar la salvación en Cristo. Así lo interpreta San León Magno: «Que todos los pueblos vengan a incorporarse a la familia de los patriarcas […] Que todas las naciones, en la persona de los tres Magos, adoren al Autor del universo, y que Dios sea conocido […] en el mundo entero». Si en la Navidad se celebra la venida de Dios al mundo, en Epifanía se celebra que su venida nos capacita para ir a su encuentro. Los Magos son la primicia, a la que siguen muchos otros. La liturgia subraya la idea de la manifestación (epifanía) del Señor como salvador de todos los pueblos: «Señor, tú que manifestaste a tu Hijo en este día a todas las naciones por medio de una estrella…» Ésta es la gran revelación de la fiesta de Epifanía. Éste es «El misterio escondido desde siglos y generaciones, [que] ahora ha sido revelado».

Una fiesta de extraordinaria riqueza. Aunque los otros aspectos quedaron algo apagados, nunca se olvidaron totalmente, tal como se puede comprobar en los textos litúrgicos, hasta nuestros días: «Veneremos este día santo, honrado con tres prodigios: hoy la estrella condujo a los magos al pesebre; hoy el agua se convirtió en vino en las bodas de Caná; hoy Cristo fue bautizado por Juan en el Jordán, para salvarnos». Estos variados acontecimientos son distintos momentos de una única realidad: la “manifestación” de nuestro Señor Jesucristo.

El anuncio de las fiestas pascuales y otras tradiciones. En el concilio de Nicea, las Iglesias acordaron celebrar la Pascua en la misma fecha. Se pidió a la Iglesia de Alejandría que se encargara de los complicados cálculos y lo comunicara en una carta que se leía el día de Epifanía, después de la proclamación del Evangelio. En muchos lugares se conserva esta costumbre. A lo largo de los siglos, han surgido numerosas tradiciones populares con motivo de Epifanía, que se convirtió en una fiesta en honor de Cristo Rey. Durante mucho tiempo, se realizaba una colecta contra la esclavitud. Desde 1843, la obra de la Infancia Misionera (o de la Santa Infancia) sensibiliza a los niños con las misiones católicas. Desde 1957 en España se recogen fondos para ayudar a los catequistas nativos y al Instituto Español de Misiones Extranjeras. En algunos países se bendice la casa, escribiendo en sus muros con una tiza la Cruz, el año en curso y las iniciales de los nombres de los Reyes Magos. En otros se intercambian regalos o se come el roscón de reyes, con una sorpresa escondida en su interior. El que la encuentra es nombrado rey de la casa. En España son muy tradicionales las cabalgatas por las calles de las ciudades. En el Oriente cristiano se bendicen las aguas con la Cruz (tanto el agua bautismal como las fuentes y los ríos). En Occidente se conservó la bendición solemne del agua en este día, reservada al obispo o a su delegado, hasta la última reforma litúrgica.

P. Eduardo Sanz de Miguel, o.c.d.

martes, 4 de enero de 2011

LA EPIFANÍA DEL SEÑOR


La Iglesia celebra la Epifanía para recordar la Manifestación del Señor a todos los hombres
con el relato de los Magos de Oriente que nos narra el Evangelio (Mt.2, 1-12).
Aquellos hombres que buscaban ansiosamente, simbolizan la sed que tienen los pueblos que todavía no conocen a Jesús.
La Epifanía, es un misterio actual, que viene a sacudir la conciencia de los cristianos dormidos.
* Que sepamos ser estrellas que guían, que orientan e iluminan a quienes buscan a Dios.
CMS BADALONA